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| Veleros cerca del puerto de Castro Urdiales (Cantabria) |
Me encanta notar tu paz interior cuando estás conmigo. Ese silencio que a ninguno de los dos nos incomoda. Algo completamente distinto a cuando vienes acompañado de esa piraña rubia que siempre va ataviada con bikinis diminutos y llamativos, que lo único que hace es distraerte y hacerse fotos a sí misma. O cuando traes a esos amigos tuyos que se piensan que soy uno de esos yates de fiesta que navegan por Mallorca en los que pueden beber como cosacos. Pero me da igual, sé que lo nuestro es único. Lo sé porque cada verano vuelves a mí, con las ganas locas de un amante y no necesitamos las palabras para expresar cómo nos hemos echado de menos.
Tampoco es que sea idiota, soy consciente de que nuestra relación no es perfecta. Sé lo mucho que te molesta que nuestras citas se vean interrumpidas porque la mar está intratable y que a veces pagas conmigo, tratándome con una brusquedad que nada tiene que ver con el cariño con el que sueles cuidarme día tras día. A veces me maldices cuando mi botavara te golpea pero, al final, todo queda perdonado cuando la mar se queda en calma y sólo estamos tú, yo y ese sonido arrullador que el agua hace cuando choca contra mi casco.
Sí, sólo tendré que esperar ocho meses para que vuelvas, me quites el plástico que protege mi cubierta y, como todos los veranos, me saques del puerto y salgamos a navegar. Aunque todos los años, cuando se acerca la primavera, un malestar me recorre de proa a popa: ¿Y si decides no volver? ¿Veranear en otro lugar? ¿Y si me vendes en una página de segunda mano a alguna familia adinerada? Tengo miedo a que pase el tiempo y rompa con su maza imparable nuestro amor. Que te hagas mayor y digas “yo ya no estoy para estos trotes”…
Por eso, cuando los veraneantes empiezan a llegar, no puedo evitar buscarte entre ellos. Los pasos sobre las maderas envejecidas del puerto me sobresaltan, aunque siempre son marineros que salen a trabajar. Pero me da igual sufrir echándote de menos, porque la sensación que me invade cuando te acercas no tiene comparación. Después de tan largos meses, me sorprende que siempre vuelvas con esa sonrisa y los ojos recorriendo mi mástil de arriba abajo. Sólo por esa mirada sería capaz de esperar todos los meses que hicieran falta. Sólo por volver a pasar otro verano contigo.


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